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comics: el superman que constantino carvallo conoció

este es un viejo artículo que leí en el colegio y que recuerdo con mucho cariño de aquellos tiempos.
 
escrito por constantino carvallo, para la revista "el cabezón" número 12, de los reyes rojos, el superman que yo conocí (el artículo, escrito en la primera mitad de los 80s conserva buena parte de los nombres castellanizados de los personajes del comic, y hace referencia al estado de los mismos antes de la crisis de las tierras infinitas)
El héroe es el hombre que vence a lo inhumano y que se revela como pariente de lo sobrehumano; su lección más honda puede resumirse así: hay que ser más y menos que hombre para llegar a ser hombre de veras. Fernando Savater
 
Confieso que cuando era niño tenía un oscuro temor, una inquietud venida de no sé qué regiones ocultas de mi alma. Me turbaba imaginar mi futuro, sentía inseguridad ante mi desarrollo, ante mi propio crecimiento. A los doce años era flaquísimo y pequeño, ¿llegaría a tener el tamaño de mi padre, de los otros? ¿sería algún día fuerte, admirado, respetado? ¿me dejaría crecer |a barba, los bigotes? En aquel tiempo se me antojaba posible quedarme, así, débil, delgado, lampiño. Y eso me parecía el fin, el fracaso. Intuía que para triunfar en la vida lo mas importante era la fuerza, los músculos, la apariencia física. En el colegio nos mirábamos cada abril, nos comparábamos, competíamos. En tres meses de verano cambiaban muchas cosas, uno podía convertirse en el más bajo de la clase, en el más débil. En la intimidad continuábamos espiándonos, mirándonos el cuerpo, viviendo atentos a los cambios de la voz, los centímetros, los músculos, los bellos. Pero la idea del mundo adulto como una jungla regida por la ley del más fuerte, no la saqué sólo de la escuela, también la publicidad de entonces me lo decía. Para triunfar, para ser feliz, lo fundamental era saber golpear, ser fuerte, desarrollar el cuerpo. Si alguien estaba perdido en el mundo adulto era el débil, el feo, el bajo. De esa época recuerdo perfectamente un anuncioque aparecía en la contracarátula de SUPERMÁN, su maldecido texto era el siguiente: ¿ESTA USTED ORGULLOSO DE SU CUERPO, ESTA SATISFECHO DE VIVIR SIENDO LA MITAD DEL HOMBRE QUE PODRÍA SER? YO TAMBIÉN ERA UN ALFEÑIQUE DE 44 KILOS. LA GENTE SE REÍA DE MI FIGURA Y SE BURLABA DE MI. ME DABA VERGÜENZA DESVESTIRME... ERA TÍMIDO... TEMÍA COMPETIR...
 
 
Sentía verdadero temblor al leer esto. A los alfeñiques la vida los barría, como a los tarados en Esparta. Ese anuncio nos enseñó a sentir vergüenza de nuestros cuerpos, a escondernos o exhibirnos, a desear ser grandes, fuertes, poderosos. El aviso lo hacía un fortachón vestido con una truza de piel de tígre, era un tal Charles Atlas, un supermusculoso sujeto que había creado un método increíble. Consoló 15 minutos diarios de "tensión dinámica" uno se volvía un atleta, los músculos los crecían hasta "reventar las costuras" y los puños se transformaban en lo que debían ser: "poderosos martillos" para machucar a cualquiera. Gracias a los ejercicios se podía dejar de ser un alfeñique, un papanatas al que cualquiera le roba la mujer, la dignidad.
 
Afortunadamente estuvo SUPERMAN, con su propuesta diferente. Todos necesitamos admirar a otro ser; semejante, pero mejor; idéntico, pero más realizado. Para tener firmeza, para construir nuestra seguridad, nuestra confianza, necesitamos modelos, ejemplos, pruebas ideales de lo que podemos y debemos llegara ser. Construimos mitos, los inventamos y nos dejamos luego conducir por ellos. SUPERMAN fue para mí eso, un mito, un héroe humano, entrañable, ayuda valiosísima en la edificación del carácter, de la personalidad. Frente a la oferta de Charles Atlas, con su mundo hostil y guerrero, SUPERMAN desplegaba otros valores, otras posibilidades de crecer, de ser humano. No fue un héroe hecho de músculos, ni un diestro en el manejo de maquinas, sino un ser moral, afligido por su condición más íntima: la doble identidad. La fortaleza de SUPERMAN radicaba en su victoria sobre sí mismo, en el vigor moral que le permitía mantener la soledad y la marginación, para permitir la eficacia del héroe.
 
LA SOLEDAD. EL DESARRAIGO
El planeta Krypton estalla, no hay salvación posible. Dos científicos, Lara Lor-Van y Jor-EI, aceptan morir, pero su sacrificio, su gesto, permite a su pequeño hijo, Kal-EI, salir en una cápsula interplanetaria segundos antes del estallido. Como en el mito de Moisés, Kal-EI es adoptado en la Tierra por una pareja de humanos. Jonás y Martha Kent. Crece y aprende en el mundo de los hombres, sin embargo no es completamente uno de nosotros. Su verdadera identidad, su ser más íntimo, está en otro tiempo, en otro espacio. Está en Krypton. La nostalgia lo acompaña, lo hace soñar, lo apena. Tiene poderes, pero no wn sino la manifestación de su diferencia, de su marginalidad. La gravedad de la Tierra es menor que- la de Krypton, por eso puede volar, elevarse en el aire. El único sol de la Tierra le concede ventajas, aumenta sus sentidos. Pero todo ello le dice, le evidencia, su origen, su distinta procedencia. Kal-EI recuerda su mundo, lo extraña, comienza a conservarlo. Reúne todo lo que trajo de Krypton, pedazos de la cápsula, trozos de su tierra, objetos. Todo lo que llega, proveniendo de ese estallido, es recogido, atesorado. Kal-EI construye con todos sus recuerdos un lugar,donde sentirse íntegro, completo. En la región más fría de nuestro planeta, con bloques de hielo y agudas geometrías, construye Kal-EI la fortaleza íntima, a la que bautiza con su pena: Fortaleza de la Soledad. AHÍ reencuentra a su madre, a la que conserva como imagen, a su mejor amigo, Mon-EI, condenado por una enfermedad a vivir en la zona fantasma y mantiene en una urna un pequeño pedazo de su planeta. Cuando la tristeza lo alcanza, Kal-EI vuela hasta ese lugar al que nadie más puede llegar y se encierra tras la inmensa puerta de metal que lo aleja de este ajeno mundo.
 
LA DOBLE IDENTIDAD
Para vivir en la Tierra, para acomodarse en ella, Kal-El no elige simplemente la máscara del héroe; intenta, más bien, parecerse a los humanos. Acepta ser el hijo de los Kent, al que viste con una personalidad débil, tímida, torpe. Clark Kent es lo contrario del héroe, es, más bien, el alfeñique de 44 kilos que Charles Atlas nos enseñaba a despreciar. Usa anteojos, no sabe seducir 'a las mujeres, nadie le da crédito, nadie lo admira. Pero bajo su camisa de empleado dócil está la insignia del super hombre. Sus poderes son irrenunciables y Kal-El ha heredado la nobleza de sus padres, está obligado a luchar, a poner sus talentos al servicio de los otros. El kryptoniano Kal-El está pues dividido, es Clark Kent y es Supermán. Dos seres igualmente desarraigados. La tragedia de Kal-El está en que debe mantener el secreto de esta doble identidad. No puede permitir que nadie conozca su verdadero ser, su origen. Y ganas no le faltan, permanentemente desea revelar su poder, responderá los que se burlan de Kent y decirle a Luisa Lane que él es Supermán, que ella ama al mismo hombre. Contra lo que nos sucede a muchos de nosotros, que mostramos a menudo más de lo que somos, que aparentamos y fingimos ser lo que no somos, Kent-Supermán calla y oculta su poder, su fuerza, y enseña menos de lo que en realidad es, convirtiéndose en un mortal cualquiera. Esta es la tarea heroica de Kal-El y la fuerza que necesita no proviene de los músculos, es fuerza moral, brota de su capacidad de enfrentar la soledad, la falta de reconocimiento.
 
 
LOS PODERES
Kal-El elige el nombre perfecto, es "Superhombre". Su mundo real era muy semejante al planeta Tierra, sé diferenciaba en la gravedad y en los dos soles que iluminaban su planeta nativo. Esta diferencia le concede poderes, que' no son otra cosa que facultades humanas llevadas a un grado superior. Tiene superoído, supervista, superfuerza, supermúsculos, supervelocidad, etc. Puede volar, pero lo hace en virtud de un impulso que le permite aprovechar esa distinta gravedad. Es, pues, un hombre más desarrollado. No es un héroe contranatural, como los actuales. No  emplea tecnologías extrañas, ni naves, ni aparatos insólitos. Su enemigo fundamental es Lex Luthor, que fue su amigo, pero al que involuntariamente le quemó la cabellera, dejándolo totalmente pelado. Por eso Luthor lo odia, pero su lucha es franca y terrestre. No emplea energía nuclear, ni rayos, ni máquinas cibernéticas. Pelea con la ayuda de su imaginación científica y su conocimiento de la química. Y emplea, sobre todo, la paradoja mayor de nuestro héroe: la kryptonita. Precisamente un pedazo de su suelo, un.trozo de su patria, es el arma con la que puede derrotárselo. Su debilidad proviene de sus pasado, de su origen.
 
SUPERMAN HOY
Kent-Supermán pertenece al mundo humano. Tiene historia, biografía. Conocemos su infancia, su adolescencia, su madurez detenida. Tiene amigos -Jaime Olsen es el más importante-, tiene un jefe -Pedro White del Diario El Planeta- y tiene amores imposibles, todos inician su nombre con las letras L.L. (Luisa Lane, Lina Luna, etc.). Es un héroe de este mundo, está instalado en él. Contra lo que les sucede a los héroes actuales, que salen de la Tierra para remontarse a lejanísimas galaxias, Supermán ha partido de una de ellas para habitar entre nosotros. Tiene los pies en la tierra, conserva la medida humana, es un hombre de calles y veredas.
 
He leído hace poco chistes últimos. Ya no es el mismo, lo han cambiado para hacerlo a la época actual, a sus maneras. En un mundo en el que la esquina se cerró, en el que el pinball reemplazó al billar, a la conversación, a la guitarra y los videocassettes al cine, el mito de Supermán cojea, queda rezagado. La verdadera estrella es hoy la máquina, los efectos especiales. Los héroes importan sólo por sus atributos contranaturales, sus naves, sus armas, sus poderes. No tienen nervio, fibra, verdadera existencia. Por eso viven poco tiempo, son olvidados y reemplazados junto con los productos que ayudan a vender, las galletas HE-MAN o los muñecos galácticos. A supermán le han renovado la apariencia. Ya no es tanto Clark Kent, ya no tiene el drama humano. Es, simplemente, superhéroe. La Fortaleza de la Soledad ha dejado de ser abierta con la llave inmensa y Supermán no está ya solo, está mal acompañado. Batman, Flash, y otros héroes tontos han formado con él una compañía que presta servicios a domicilio: LOS CAMPEONES DE LA JUSTICIA. Sus enemigos son infinitos y provienen de lejanísimas regiones a las que debe acudir para sostener cibernéticas batallas; Triste fin para un héroe inolvidable. Por eso es mejor no leerlo, cerrar los ojos y volver a ese tiempo, asistir otra vez al triunfo del alfeñique Kent sobre Charles Atlas, a la lucha eterna del héroe contra la soledad y la añoranza.

3 comentarios:

  1. Rain said,

    Ah, qué extraordinario artículo de C Carvallo. Me hace reconsiderar a Superman. Creo que yo he espectado más al Superman que Constantino C denosta. El Batman original, no es tonto, eso creo, sólo que en grupo como dice CC, con esos diálogos precarios en los dibujos animados, se percibe demasiado básico :)

    La soledad torturante, a esa se refiere CC, imagino. Porque hay una soledad creadora, que se vive sin pesar.

    Un gran salute.

    on 11:12 a. m.


  2. Anónimo said,

    El tema de la soledad de Supermán es parte de su carácter. Sólo que DC no ha trabajado mucho por ese lado y siempre lo hemos tenido como el gran boy-scout sonriente y radiante de vida.

    El último "All Star Superman" de Morrison y Quittely (el 6) retoma muy bien este tema con una pregunta constante en el propio Superman: si era tan poderoso, ¿por qué no pudo salvar de la muerte a Jonathan Kent?

    Bien por el artículo (aunque se discrepe en algunas cosas no comiquiles con el Sr. Carvallo),


    Raschid

    on 11:39 a. m.


  3. Anónimo said,

    Que se pudra Constantino Carvallo, hipocrita loco pervertido de mierda, solo se dedica a manipular sus estudiantes como si fuesen su laboratorio de experimentos sociales. PUTO.

    on 12:01 a. m.