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política: ¿qué hacemos con la pena de muerte?

recibí por correo una propuesta, bastante sensata y realista, que toma en cuenta nuestra cultura y tradición, sobre la pena de muerte.
 
escrita desde londres, por el peruano paulo drinot.
 
En el debate sobre la pena de muerte los comentaristas se han concentrado casi exclusivamente en una cuestión de relativa poca importancia: si están a favor o en contra. Mucho más importante es decidir el método que se utilizaría. Como es sabido, diferentes países utilizan diferentes métodos.
 
En Arabia Saudita se favorece la decapitación por sable, un método que combina una admirable destreza del verdugo y una magnífica teatralidad. En Egipto, Irak, Irán, Japón, Jordania, Pakistán y Singapur se privilegia la horca, un método de herencia británica que en Estados Unidos inspiró una bella canción de Billie Holiday. En este último país se suele optar hoy por la electrocución, aunque no se descarta el uso de la cámara de gas o de inyecciones letales. La implantación de nuevas tecnologías por nuestros vecinos del norte es prueba de cuán avanzados están en comparación con países como Belarús, China, Somalia, Taiwán, Uzbekistán, o Vietnam que siguen utilizando el fusilamiento, o, peor aún, Afganistán e Irán, que siguen dependiendo del primitivo, aunque bíblico y coránico, apedreamiento.
 
El método que más convendría al Perú, sin duda alguna, es el de muerte por turba. Es un método que cumple varias funciones y es por eso muy recomendable. Además de permitir a los involucrados, tanto al condenado de muerte como a los miembros de la turba, de ejercitarse y de distenderse, este método crea espacios de sociabilidad que favorecen y ayudan a fortalecer los vínculos familiares y comunitarios (no hay nada más estremecedor que ver a una padre y su hija o un nieto y su abuela propinando golpes terribles a un criminal). Es, sobre todo, un método sumamente efectivo además de económico, lo que conviene al erario nacional. Por último es un método en el que los peruanos hemos demostrado cierto talento y 'expertise' y, por tanto, nada más justo que los compatriotas condenados a morir tengan la opción de ser ejecutados de una manera nacionalista y conforme con nuestras tradiciones.
 
Es de esperar que el gobierno del doctor Alan García Pérez tome con seriedad esta propuesta. Un primer paso necesario sería la construcción de instalaciones que permitan el desarrollo de muertes por turba en un ambiente seguro y eficiente. Estos turbádromos deberían ser de dimensiones suficientemente amplias como para permitir a la turba perseguir al penado de muerte por lo menos 200 metros. El terreno, por necesidad forzosa, deberá tener suficiente profundidad como para permitir que la turba entierre al condenado a muerte por lo menos hasta el cuello, si así lo quisiere.
 
Deberían proveerse palos, clavos (de preferencia corroídos por el óxido), muchas piedras, perros, y, por supuesto, llantas y kerosene. Por último podrían construirse gradas para el público, lo que permitiría la participación, aunque pasiva, de un sector mayor de la población, y lo que facilitaría la transformación de los turbádromos, en momentos en que no son utilizados para su función principal, en canchas de fulbito o vóley.
 
De implementarse esta propuesta el Perú demostrará al planeta no solo su alto nivel de civilización y modernidad sino que será la envidia de todos.
 
Quién sabe, hasta podríamos patentarla, a fin de suscitar la emulación mundial.
 

1 comentarios:

  1. Carlos Norberto Mugrabi said,

    Pena de Muerte
    Con motivo del cese del uso de la silla eléctrica en los Estados Unidos de América.
    La inmensa mayoria de quienes prentenden la derogación de la pena de muerte participan del crimen.
    Han cometido y cometen homicidios –en el sentido psicoanalítico del concepto- de índole incestuosa y de manera reiterada.
    PS: perdón por la aclaración pero se darán cuenta de que no me implico.
    Carlos Norberto Mugrabi.

    on 5:34 p. m.